28 de abril de 2008

¿Nena o mujer?


En su esporádico paso por el jurado, el cómico Antonio Gasalla dejó una tesis que resultaría interesante desarrollar. Como le tocó evaluar el ritmo Salsa, Gasalla comentó reiteradamente que el rol de “nena” con el que encaran la carrera chicas como Belén Francese, Natalia Fassi, o Karina Jelinek, no iba con un ritmo tan latino y sexual como la salsa. Sabemos que las chicas en cuestión hablan con un tonito de nena mimosa, se complacen en ratificar sus ignorancias y siempre responden a la contrariedad con algo que se parece al “¡Ay! Neeeene…”. Pero además comparten con casi todas las otras competidoras argentinas la preocupación por mostrar las carnes firmes y apretaditas (no se salvó de esto ni la veterana Adriana Aguirre, que hasta ahora estuvo más preocupada por mostrar los abdominales que sus dotes danzarinas). Al punto que en el caso de Jelinek, Gasalla agregó el comentario de cuánto hacía que no se comía un pedazo de carne (obviamente en referencia a la falta de proteínas que evidenciaba la lánguida Jelinek).

Como contrapartida, el cómico no dudó en destacar la volumetr
ía de las competidoras uruguayas Mónica Farro (la de la foto, de vestido turquesa y turgencias color plata) y Eunice Castro, que según la observación de Gasalla, en su país tenían menos prejuicios con las redondeles y con la mujeridad plena (que les merecieron los puntajes más altos de la competencia, como se puede leer en el sitio oficial del Bailando).

La tesis de mujer aniñada puede ser rendidora cuando se compara las figuritas femeninas locales y las de otros países. Fíjense, si no, ahora que Utilísima es latinoamericana. Las conductoras argentinas son todas flaquitas flaquitas que hablan con tono de maestras jardineras de sala de 4, cualquiera sea la edad que tengan (“¿No cierto, amiga?”). Ahora que comparamos las colegas latinoamericanas, pulposas, seguras en su cintura y en su dicción, ¿será que el estereotipo de la mujer aniñada es local? La exigencia de la eterna adolescente ¿será una locura de la TV local?

La nota de Gustavo Noriega (Crítica, 27 de abril de 2008) confir
ma que el personaje frágil e indefenso tiene sus cultores: “A diferencia de las otras chicas, Karina carece de toda picardía. Lanzada al mundo de las entrevistas malintencionadas se muestra desorientada, temerosa, frágil. Nunca participó de un escándalo, acepta con humildad el veredicto del jurado, no discute con nadie, siempre parece una niña que se ha soltado de la mano de la madre y vaga sola en la playa, buscando algún rostro familiar que la tranquilice.” El periodista agrega que el día que la vio en el programa de Petinatto, indefensa, se dio cuenta “hay cosas que pueden ser más atractivas que la inteligencia y la astucia”. Por eso, para él, ella es la reina.

Mujer argentina, a vos ¿quién te gustaría ser?

2 comentarios:

Mariana Sarceda dijo...

Desde que leí tu comentario estuve más atenta a la imagen de la mujer que mayoritariamente nos muestran los medios (modelitos escuálidas, actitudes infantil(oid)es en pulposas que hace un buen rato dejaron de jugar con muñecas y dormir con peluches..., vedettes entradas en años vestidas cual adolescentes alocadas...) En lo personal, no me siento reflejada con ninguno de estos prototipos del género femenino y sí rescato otros modelos de mujeres pensantes con cuerpos normales y mayor cantidad de neuronas. Creo que el afan de muchas argentinas por ser eternamente jóvenes nos está afectando más de lo que pensamos: con cuerpos cada vez más añiñados y cerebros haciendo juego.

Anónimo dijo...

Quiero decir que yo estuve en la tribuna del programa de Pettinato el día que Karina Jelinek se fue llorando. No sé de qué culto habla Noriega,ya que durante la pausa publicitaria, cuando la chica se fue llorando desconsoladamente (porque le dijeron Olga -que es su segundo nombre-) el piso entero se cagó de risa e hicieron chistes de todo tipo con respecto a la pobre descerebrada, e incluso la insultaron exclamando: ¨¡Podés creer que la imbécil se fue porque la llamamos Olga!, la tuve que correr hasta la calle porque se llevaba el micrófono puesto¨.
Verdaderamente no dio la apariencia de que le parecía muy atractivo el hecho. Dehecho creo que a nadie en el mundo puede conmoverle en lo más mínimo una persona que dice que no es de la generación de los libros (¿?), que le piden que endose un cheque y pone, ¨Con amor, Karina jelinek¨ y que no sospecha siquiera que Bioy Casares es una sola persona y no dos.
No entiendo cómo se puede hacer culto de la imbecilidad.